viernes, 31 de agosto de 2007

La Voz de Galicia

Ya se que hace mucho que no escribo pero entre las prácticas y demás historias no tuve demasiado tiempo este verano. Como ya sabéis muchos, tuve la suerte de que me permitiesen hacer prácticas en el periódico La Voz de Galicia, en la delegación de Santiago. Aunque todavía me queda un mes, lo vivido y hecho hasta ahora me permite hacer un balance. Hay quizás demasiadas cosas que contar pero me gustaría destacar dos: la relación con mis compañeros y mi trabajo en el periódico.
Respecto a lo primero, aquí hay gente muy profesional: buenos escritores, algunos ingeniosos, cachondos, atentos y, en general se nota muy buen ambiente.
Respecto a lo segundo no puedo decir que esté del todo contenta...bueno ya me conocéis pero hay días como el de hoy en el que siento que sobro totalmente, nadie me dice ni encarga nada y lo que es peor indiferencia total... Se que el trabajo en un periódico ( sobre todo en verano) es muchas veces así pero yo no llevo en esta empresa ni el tiempo suficiente para saber lo qué y cómo tengo que hacer y, mi forma de ser muchas veces me frena. En balance de lo que hice hasta ahora, escribí alguna cosa interesante, muchas aceptables y alguna que otra mediocre. Más de una vez tuve que recomponer los trocitos de autoestima que me quedaban para volver a empezar al día siguiente.
Otra cosa que me agrada es haber conocido a gente interesante y muy válida como las otras becarias : María, Lucía, Lara, Lidemar y Clara. ¡Sois la pera!.
La Voz de Galicia me sigue pareciendo un buen periódico pero creo que a veces peca un poco de orgullo. Eso es lo que debería tener yo por estar aquí y, sin embargo, me ocurre todo lo contrario siento que no lo estoy aprovechando del todo pero a veces me resulta realmente complicado.
Bueno, cuando regrese a Madrid contaré el resto y también podremos compartir nuestras experiencias de verano. Ánimo y Suerte en lo que queda.

miércoles, 8 de agosto de 2007

HISTORIA DE UN BOTÓN

Érase una vez un pequeño botón, rojo chillón, raro y algo deforme pero era el preferido de Berto, un chiquillo de cinco años. El botón era el más llamativo y feo de todos pero era el que sujetaba el primer ojal del mandilón de Berto. Su posición superaba en varios centímetros al resto de botones, tan iguales, tan perfectamente delineados y tan bonitos.
Berto lo quería con locura porque no había otro botón igual en todo el colegio pues ningún niño lucía semejante broche en su baby.
Un desafortunado día el tirón de un compañero de Berto riéndose de su botón hizo que éste se descolgara. Berto lloró y lloró pues su querido objeto ya no sólo lo había dejado sin poder abrochar el mandilón, sinó que había perdido aquello que hacía que su prenda fuera diferente.
El pequeño botón rodó y rodó por el suelo hasta que paró de dar vueltas a los pies de una señora que esperaba en el patio a su retoño. La forma y el color llamativo del botón le llamaron la atención y lo recogió. Al llegar a casa lo puso en su set de costura a buen recaudo por si "alguna vez hace falta" pensó.
Y así pasó nuestro botón días y días, meses y años hasta que un buen día, un niño abrió de nuevo la caja y exclamó:
-Mamá éste puede valer, es muy chulo y se parece mucho.
-Es cierto, respondió la madre "es perfecto".
De nuevo, la misma mujer que lo había recogido en la calle lo cogió y cual sorpresa del botón encontró a varios como él que abrochaban una vistosa chaqueta de payaso. Era el traje de carnaval de Dani, su nuevo dueño. Lo cosieron con mimo y él se encargó de anudarse al ojal que le correspondía.
-Perfecto, ya está listo.
Y Dani se puso su traje, y ganó el concurso. Al regresar a casa y tras desvestirse, el pequeño se dirigió a su madre y le dijo:
-Menos mal que me cosiste el botón, sino no estaría completo.
Y el botón permaneció orgulloso sujeto al traje junto con el resto de compañeros.